Si los seres humanos fuéramos geranios sólo tendríamos que preocuparnos de la calidad química de nuestro hábitat, pero ocurre que respiramos, además de aire, creencias... Lo que leo y oigo en los medios de comunicación me hace pensar que muchos personajes que configuran esas creencias ambientales son “predicadores de la simpleza” que ni leen, ni estudian, ni saben. A pesar de lo cual, lo que dicen pasa a formar parte de nuestra atmósfera, contaminándola. MARINA J.A., Cronicas de la Ultramodernidad, Col. Argumentos, 244, Anagrama, Barcelona, 2000, pág. 87
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