03 julio, 2009

¿qué menores ven los menores en televisión?

La AUC, Asociación de Usuarios de la Comunicación (http://www.auc.es/), acaba de publicar un estudio con el título que encabeza este post y que transcribo íntegro en sus conclusiones. Léanse despacio. En cada una hay todo un espacio a la reflexión. El subrayado en negrita es mío.

"Los medios de comunicación se caracterizan por construir perfiles de identidad de los diferentes grupos y segmentos sociales que, a su vez, provocan en las audiencias objetivo (targets audience) respuestas de identificación, proyección o rechazo de esos grupos o segmentos sociales representados. Obviamente, los receptores del mensaje no desempeñan un papel puramente pasivo, y en función de su experiencia, conocimientos y actitudes reelaboran y “resignifican” esos estereotipos que les llegan a través de los medios.

Los estereotipos difundidos por los medios no inventan o construyen la realidad, pero tampoco se limitan a reflejarla. Su función es la de “producir sentido” de un modo muy eficaz, de tal manera que nuestra visión del entorno, de los demás y de nosotros mismos no puede explicarse sin tener en cuenta la influencia de los medios de comunicación. Una influencia que será tanto mayor cuanto menor sea la experiencia directa y la madurez interpretativa del receptor y cuanto mayor sea, por tanto, su experiencia vicaria a través de la prensa, la radio, la televisión u otros canales o sistemas de comunicación.

El análisis de un amplio repertorio de productos televisivos (87 programas) protagonizados por menores y potencialmente visionados por éstos, pone de relieve determinadas recurrencias sobre cuál es la imagen dominante que de ellos ofrece el medio: qué menores ven los menores en televisión o, dicho de otro modo, cuáles son los estereotipos sobre la infancia y la adolescencia que mayoritariamente ofrece la programación televisiva.

Principales conclusiones del estudio

  • La programación dirigida al público más infantil presenta una visión excesivamente autónoma de la infancia, en la que los menores se relacionan únicamente entre ellos y en la que los adultos o están ausentes o aparecen de modo marginal (Little Einsteins, Juan y Tolola, Doraemon). Los espacios que integran al menor en un contexto familiar son cada vez menos frecuentes.
  • Hay un tratamiento generalizado de los menores como mera coartada o pretexto para hacer crítica social o costumbrista, aprovechando su visión pretendidamente ingenua. Algunos programas que recurren a este modelo involucran a los menores en temas (y abordamiento de los temas) claramente de adultos e inadecuados para la infancia, aunque se emiten en horario de protección del menor y se califican para todos los públicos o para mayores de 7 años (Padre de Familia, American Dad).
  • El miedo, tradicionalmente asociado a la infancia en los cuentos infantiles con un papel “domesticador” ha perdido relevancia en los últimos tiempos aunque vuelve con series como El Internado o Hay Alguien Ahí. El miedo como recurso para evitar las trasgresiones de la infancia se asocia ahora más a los riesgos de la vida adolescente y a las “turbulencias emocionales” de los hermanos mayores (Los Serrano).
  • El anime japonés ha sustituido la violencia explícita por la violencia edulcorada de las series anglosajonas, pero en ambos casos se banaliza y se trata desde el punto de vista del agresor (que se identifica con el menor) y sin empatía hacia la víctima.
  • En el caso de los adolescentes, su imagen coincide con el estereotipo negativo que muchos adultos atribuyen a la juventud: narcisistas, insolidarios, poco dados al esfuerzo, consumistas, son interesados por e ocio y el disfrute, etc.
  • Contrasta el lenguaje trasgresor y la visión “políticamente correcta” ante los grandes temas (racismo, intolerancia, multiculturalismo, homosexualidad, igualdad) con una visión muy tradicional de las relaciones de género y con un individualismo a ultranza que se asocia a la “autenticidad” frente al grupo, a la pareja, a los padres, a los profesores, etc. (HKM, Gossip Girl).
  • Hay una trivialización de los problemas asociados al consumo de drogas (especialmente alcohol) y a las relaciones sexuales, tratadas de un modo normalizador e inevitable en las series con adolescentes. estas prácticas, además, aparecen como sublimadoras de conflictos.
  • Los adultos son presentados como “adolescentes añosos”, igualmente inmaduros y arbitrarios. Sus normas parecen reglas caprichosas, que pueden e incluso deben transgredirse. Ello genera una relación horizontal entre adolescentes y adultos, cuyo reflejo extremo son las relaciones sexuales entre alumnos y profesoras. (Física o Química, El Internado).
  • En línea con lo anterior, llama la atención la deslegitimación generalizada en muchos productos para la infancia, la adolescencia o familiares, de las figuras parentales, y especialmente de las masculinas. "
No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Auténtica educación para la ciudadanía.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.

26 junio, 2009

Jackson


video

Descanse en paz.

15 junio, 2009

Un nuevo entorno


Aparece entre mis papeles un artículo de El Cultural de El Mundo del jueves 11 de septiembre en el que Fernando Sáez Vacas, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid reflexiona sobre el cambio de modelo cognitivo al que nos están llevando las nuevas tecnologías. Es interesante por las ideas que desarrolla y por la variedad de testimonios que aporta procedentes de distintos ámbitos de la reflexión cultural.

Cita primero el profesor a Nicholas Carr que se pregunta si Google no le estará haciendo más estúpido porque «en los últimos años he tenido la incómoda sensación de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con mi cerebro, cambiando el esquema de su circuito neural, reprogramando la memoria». Añade Carr que tras diez años de buscar y navegar no es capaz de mantener la concentración durante más de tres páginas, concluyendo, después de comentar su experiencia con otros navegadores, que Internet no sólo le da información «que su mente espera ya como si fuera una corriente de partículas en rápido movimiento, sino que también conforma su proceso de pensamiento».

Describe después Sáez cómo Alessandro Baricco en su reciente libro Los Bárbaros (2006) «acaba centrándose precisamente en Google, como el instrumento representativo de la potencia, velocidad y capacidad funcional de estos avances técnicos en el mundo de la información, que conduce a sus usuarios navegantes a recorrer trayectorias, como si surfearan, pulsando sobre una secuencia de links (enlaces hacia sitios web de Internet). Tal surfing te lleva a un movimiento continuo de encadenar puntos diferentes y por consiguiente te aleja de la experiencia de profundizar en los contenidos con esfuerzo y dedicación (la cultura del esfuerzo), lo que, unido a la tendencia personal y laboral al multitasking (hacer o atender a varias cosas a la vez) propiciado por la poderosa operatividad de la infotecnología actual, genera superficialidad, provoca esa especie de patología conocida como ‘rasgo de déficit atencional’ y afecta negativamente a los procesos de aprendizaje».

La siguiente cita es de José Antonio Marina quien opina que en las nuevas generaciones nacidas en entornos digitales se advierte un cambio en «la gestión de la atención (menos concentración, pero más capacidad de atender en paralelo) a mayor capacidad de relacionar informaciones dispersas y al predominio de memorias a corto plazo».

Arcadi Espada sostiene «que le fascina el lenguaje de Internet, que él piensa digitalmente, lo que le plantea problemas al escribir en papel, porque “ve” las columnas con links e imágenes». Mientras que Sánchez Dragó «se ha resistido todo lo que ha podido incluso a utilizar algo tan simple como un procesador de textos y ha acabado erigiendo un monumento funerario a su máquina de escribir».

La última cita que destaco y que, a mi juicio es especialmente valiosa, es la de L. Marinoff, en su libro de 2006 The Middle Way en el que refiriéndose a las cuatro tradiciones cognitivas ―oral, escrita, visual y digital― «argumenta que la tradición más segura es la tradición escrita, el “pilar principal del desarrollo cognitivo. Los que han aprendido y dominan una tradición escrita pueden extraer mucha utilidad, poder y rendimiento de los medios digitales”».

Para el profesor Sáez Vacas se está produciendo una «noomorfosis digital» (http://antonifumero.blogspot.com/2006/08/noomorfosis-digital.html), un «cambio de las estructuras mentales y, por tanto, de la forma misma de la inteligencia de un número rápidamente creciente de nuestros cachorros humanos, esos a los que se ha dado en llamar nativos digitales por su temprana e intensiva inmersión en una infoestructura cada vez más densa y extensa».

Lejos de posturas reduccionistas o apocalípticas el profesor opina que es evidente que la infotecnología está produciendo un cambio intenso en nuestros procesos mentales (psicometamorfosis) y vitales (sociometamorfosis): «las nociones de tiempo, espacio, identidad, poder operativo, sentido de la acción, comunicación, inteligencia, concepto de realidad, relaciones con el mundo material, movilidad, el concepto del yo, estructuras organizativas, educación…». Afirma con rotundidad que «se está produciendo un proceso acelerado de impregnación tecnológica de nuestras vidas, en la que la grande y creciente complejidad de la tecnología y la todavía mayor complejidad de las relaciones humanas con ella requieren respuestas muy pensadas de índole tecnocultural que no se están dando» y «para las que ni siquiera existe un mínimo de sensibilidad y de demanda social». Y termina diciendo que «no estamos preparados para usar con criterio ni eficacia la descomunal funcionalidad de la tecnología que pasa por nuestras manos, ni para comprender el Nuevo Entorno Tecnosocial y mucho menos para gestionarlo convenientemente y extraer lo mejor de sus extraordinarias oportunidades informativas, de comunicación, artísticas, científicas, de entretenimiento, sanitarias y operativas de múltiples clases…».

Sin embargo, hoy los medios de comunicación independientemente de sus contenidos son un masaje que produce un cambio en la percepción de la realidad en los usuarios que los consumen. Su omnipresencia, la sobreinformación que ocasionan, su interconexión y su dependencia absoluta de la actualidad, la preeminencia de la imagen sobre la palabra, la presión del consumo publicitario, la tiranía de las audiencias, la confusión del ver y el comprender… impiden al usuario un encuentro sereno y reflexivo con la realidad. «Las ventanas han sido sustituidas por pantallas», dice el profesor Cembranos. Y añade: «Los mass-media han ido creciendo hasta convertirse en una especie de nuevo medio ambiente, creando una inversión que hace que para muchas personas ya no haya otra realidad relevante que la que produce la televisión». Los medios han dejado de ser intermediarios para convertirse en creadores de un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada.

Así que, ya saben, usen la televisión y las pantallas, no las consuman o serán consumidos por ellas.

10 junio, 2009

David Attenborough























Lo que se han perdido los que no ven los documentales de la 2. Enhorabuena, maestro.
Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.




08 junio, 2009

Atmósfera visual


Como dice Marina en la introducción que justifica este blog, los seres humanos no somos geranios que dependen de la calidad química del aire y el agua. Respiramos no sólo aire, sino valores y creencias. Sin parar y sin darnos cuenta tragamos imágenes, modelos, estereotipos, ideas que pasan a formar parte de nuestra atmósfera, contaminándola y funcionan después como ingredientes de nuestros sentimientos, son canon para nuestras aspiraciones y criterios para nuestros fracasos o alegrías: pasan a ser nosotros.

Desde 1957 en que se envió al espacio el primer satélite, 4600 le han seguido después. Sólo 800 permanecen operativos, el resto flota en el espacio como basura espacial.

He visto una película que era una estupidez, un anuncio, una serie, un tomate, un hermano o una Patricia. No es sólo diversión pura y dura ni pérdida de tiempo. Es también polución. He incorporado a mi ser centenares de imágenes absurdas, referencias inhumanas y estereotipos estúpidos que forman parte ahora de mí mismo. Están en mi memoria llenando de partículas la respiración de mi pensamiento; contaminan el aire de mi espíritu, ensucian de chapapote las costas de mi sensibilidad convirtiendo mi capacidad de disfrutar en matarratos de vulgaridad zafia. Soy, en definitiva, un poco más estúpido, absurdo e inhumano que antes de haberlos visto.

Somos lo que comemos y lo que respiramos, pero también lo que vemos y oímos. Existe la comida basura, pero también, no lo olvide, la basura simbólica. Busque, compare, seleccione, rechace y proteste: todo su ser, siempre en desarrollo, se lo agradecerá. Y vea televisión, no la consuma o será consumido por ella.

30 mayo, 2009

Suicidio


La televisión— ese ambiente, ese ruido que llevamos con nosotros a todas partes— nos acompaña siempre porque  no es una cadena determinada, ni un determinado programa.

No es un simple entretenimiento ni una alternativa más de ocio.

Es mucho más que eso: es una parte de nuestras vidas..., y una parte muy grande, cada vez más grande: 3 horas y 45 minutos de media diaria; la mitad de nuestro tiempo de ocio; la principal actividad después del trabajo y del sueño.

Sin embargo, como es sabido, nadie ve la televisión: “yo sólo veo los informativos y los documentales de la 2 para dormir la siesta”,... “un poco en la sobremesa, un poco, por la noch…”, “algún partido de fútbol o una peliculilla de vez en cuando...”,  “¿mi hijo? Mi hijo casi no ve la TV”, “¡Tres horas y media al día! ¡Qué barbaridad!”. “!Un poquito de por favor!...¡Pero si no tenemos tiempo!”

Nunca como ahora, la humanidad de los países desarrollados ha conseguido mediante la tecnología tal cantidad de tiempo libre. El ocio es el primer negocio. Las  alternativas son infinitas. Sin embargo... no tenemos tiempo... no tenemos tiempo para nada... excepto tres horas y media al día para la televisión.

Y es que no sentimos el acto de ver televisión como una actividad, sino como una costumbre inconscientemente enquistada en nuestra rutina doméstica y diaria. Pasamos, tres horas y media al día ante una televisión invisible que no vemos en un tiempo que no tenemos.

Sabemos que vamos de vez en cuando al teatro o al cine o a un concierto, a un partido...; que solemos practicar este o aquel deporte, que leemos también alguna vez, incluso, a lo mejor, todos los días…; que salimos a cenar con los amigos. Y lo sabemos porque cada vez que hacemos alguna de esas cosas tenemos que tomar la decisión de hacerlo. Nos cuesta dinero. Nos exige desplazarnos, elegir, decidirnos. Estamos vivos.

Cuando vemos  televisión, en cambio, no hacemos sino que dejamos de hacer. Mirones inveterados, dejamos de ser actores y nos convertimos en espectadores; dejamos de ser ciudadanos activos y nos convertimos en audiencia pasiva. No dejamos de estar vivos, pero estamos un poco muertos, porque renunciamos al riesgo de vivir  para descansar   —zombis— en la seguridad de ver como viven los otros.

Tendríamos que dejar que los chicos de CSI analizasen los restos de programación de nuestra alfombra para que Crisom determine quién es nuestro asesino.

Lo malo es que, a lo peor, dictaminan que ha sido sobredosis; o, lo que es aún más grave, a lo mejor concluyen que no ha sido asesinato sino que simplemente se trata de un suicidio.

Por si acaso, ya saben: usen la televisión, no la consuman, o serán consumidos por ella. 


27 mayo, 2009

Ser de dentro

Dirigido por Ridley Scott, guión de Steve Hayden y Lee Clow, producido por   Chiat/Day, and protagonizado por Anya Major como la heroína sin nombre y David Graham como"Big Brother".

Vivimos tiempos de crispación muy propios de la democracia mediática del slogan y el espectáculo. Socialismo y capitalismo. Izquierda y derecha. No hay otra alternativa. Una  trampa lingüística, el cliché,  y  una trampa mediática, el estereotipo, que nos encierran en la textura plana y opresiva del blanco y negro negando la existencia de territorios nuevos, negando la existencia de la reflexión, el debate y el diálogo de los que nace el progreso en libertad.

Sin embargo, la realidad es precisamente una tierra de nadie, un territorio por descubrir, un camino por recorrer y una vida por vivir. Los seres humanos somos el reino de la inexactitud, la posibilidad de la contradicción, la paradoja y el misterio, la ausencia de respuestas absolutas, el riesgo del matiz, la variedad y el cambio. La búsqueda. No hay nada más complejo y alejado de la estrecha etiqueta del estereotipo mediático y social que la persona humana.

Frente a eso: rebeldía. Frente a socialismo y capitalismo, yo reivindico con Rayón lo de cada uno, abierto a todos, libremente, es decir, lo común; si es que alguien les pregunta, yo ni socialista, ni comunista, ni fascista: soy  comunitarista.

Rebeldía siempre. Frente a la Dictadura. Pero  también en la sacrosanta Democracia mediática. Siempre, rebeldía. Porque en las dictaduras, la rebeldía se condena con la cárcel. Pero en las democracias mediáticas, la rebeldía se condena con la exclusión. Por eso: rebeldía. Poder pensar y ser  fuera de los muros físicos de la cárcel, pero también igualmente libre de los muros invisibles y férreos de la opinión pública, de los estereotipos  de acero de lo políticamente correcto impuestos desde la televisión audiovisual y la televisión impresa y gratuita.

Rebeldía, sí. Ni izquierda, ni derecha. Ni siquiera de centro.  Tender hacia lo alto, ver todo desde arriba,  buscar lo trascendente, afrontar el misterio. Creer firmemente que creer es posible. Y, sin embargo, vivir bien pegado a la tierra, disfrutar de mi sitio, sin miedo a meter las manos en el barro compartiendo con otros el riesgo de vivir. Actor y no espectador. Y desde luego buscar dentro de cada uno lo mejor de uno mismo desde donde poder darse a los demás.

 Yo, si es que  alguien les pregunta, ni derechas ni izquierdas. Soy de dentro.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella. Rebeldía y romper el cristal.