3 de febrero de 2012
Mi móvil es un Nokia como el de la imagen que encabeza el post. No recuerdo los años que tiene. ¿Diez? Tan viejo que ignoro hasta el nombre del modelo. Tan viejo que pertenece a esa generación primera de aparatos que todavía salían de la fábrica finlandesa sin haber programado su obsolescencia y —a pesar de golpes, roces, uso continuado, desgaste de la pintura— no parece que vaya a morirse de un momento a otro. Sin duda la lógica del mercado marca que es un aparato completamente desfasado y por tanto debe ser renovado. La publicidad y el entorno —muy marcado por la publicidad— hace años que me muestra nuevos aparatos con nuevas “utilidades”, formas y colores.
En una época en la que el desarrollo tecnológico va a la velocidad de la luz todo queda rápidamente envejecido. ¿Pero qué es lo que envejece un objeto electrónico, la industria y su capacidad de renovación o el usuario?
Es evidente que las empresas tecnológicas programan, no sólo la obsolescencia de sus aparatos —como el resto de la industria—, sino que en este sector más que en otros, se planifica muy bien la estrategia del lanzamiento de novedades en función de la saturación del mercado.
Sin embargo, como en todo lo relativo al consumo, la piedra siempre estará en el tejado de los usuarios. En este artículo de David Bretos en La Vanguardia se pone el dedo en la llaga al decir que un aparato puede quedar obsoleto para los fabricantes, pero si su propietario no necesita hacer más del 20% de lo que le permite hacer ese dispositivo, no debería existir obsolescencia alguna para él.
Por eso, entre los usuarios, están los fashion-victims que hacen cola en las tiendas para adquirir lo último de cualquier cosa la necesiten o no y que no son sino eso: víctimas de la moda y la publicidad. En la otra punta están los que buscan una herramienta adecuada a sus necesidades que pueden ser las que ofrece la última tecnología y están los que se crean necesidades que no son tales a la medida de las que la tecnología les ofrece como deslumbrante novedad.
En esta cultura de la moda, de la novedad, de la vida de mosca para todo —lo mismo da que sea información, objetos, relaciones…— la obsolescencia tecnológica viene sobre todo determinada por la percepción y el dominio de los usuarios sobre la técnica o, al contrario, por el dominio de la tecnología y el márquetin sobre los que la utilizamos.
Como en todo, de nuevo, equilibrio y dominio: ni el viejo Nokia, como yo; ni el último juguete vacío de sentido.
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Pepe Boza
2 de febrero de 2012
Electropolución
Esta vez no hablamos del medioambiente simbólico, sino del puramente físico. Parece que a la pérdida de tiempo —de tiempo y energía—, a la contaminación simbólica de contravalores, a la metamorfosis de nuestros hábitos cerebrales, se añade ahora el peligro físico — ¡qué miedo! —en el uso continuado y excesivo de algunas tecnologías electromagnéticas.
Os cuento la noticia que da un suelto que aparece en un semanario XL Semanal firmado por E.F. y que no logro enlazar, pero que dice en síntesis más o menos lo siguiente:
Nadie, por ahora, se atreve a decir que las radiaciones electromagnéticas (las del móvil, las del Wi-Fi…) sean nocivas, pero nadie tampoco se atreve a decir lo contrario. Por lo pronto la OMS ya admite la posible correlación entre los móviles y algunos cánceres.
Algunos testimonios autorizados:
María Jesús Azanza, catedrática de Biología celular: «En Europa ya empiezan a retirarse las redes Wi-Fi de las escuelas reemplazándose por el cable»
Ceferino Maestu, director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo de la Politécnica de Madrid: «El cerebro de los niños está en formación y los campos electromagnéticos pueden afectar su desarrollo».
Ramón Villaamil, director de canalbienestar.com: «A través de la piel entran en el cuerpo nutrientes, como el aire, y tóxicos como la electropolución. El cuerpo tiene una capacidad limitada de eliminar tóxicos. Pasado ese límite, dañan el organismo. No se sabe con certeza cuál es ese límite, pero sabiendo que lo hay ¿no deberíamos evitarlos?»
Y algunos hechos:
Francia ha prohibido los anuncios de móviles dirigidos a menores.
En España hay una fundación que promueve el movimiento Escuela sin Wi-Fi.
Es lo que hay. Por ahora.
Electropolución
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Pepe Boza
1 de febrero de 2012
Suspenso a los padres
Ayer, era Bill Gates quien como padre adoptaba una medida educativa respecto del tiempo de navegación de su hijo Rory que al cronista le parecía hiperprotectora.
El estudio que hoy traemos, «Los niños frente a la televisión: prácticas y mediación familiar», nos lo manda Pili —gracias, amiga— y demuestra que no es precisamente de hiperprotección de lo que adolecen los hogares españoles en cuanto al uso de la tecnología si extendemos las conclusiones que se refieren a la pequeña pantalla a todas las demás.
Teresa Torrecillas, profesora de Periodismo de la Universidad San Pablo CEU ha ganado una mención honorífica en los Premios Ángel Herera a la Mejor Labor de Investigación de Humanidades por este trabajo del que extraemos las principales conclusiones:
«234 minutos diarios de consumo televisivo en 2010». Y no deja de aumentar el consumo de la supuestamente ya obsoleta pequeña pantalla. No parece tan obsoleta ni tan pequeña ¿no?
«Los contextos familiares de recepción televisiva infantil son deficientes y no garantizan la protección de la infancia ni favorecen un correcto desarrollo de los menores frente al medio». Es decir: los padres suspendemos mayoritariamente a la hora de plantearnos el tema de la televisión desde el punto de vista educativo.
«Aunque los padres son muy conscientes de la deslegitimación social del medio, relativizan las posibles influencias de la televisión en sus hogares y excluyen a los miembros de su familia del poder de socialización del medio» O sea: siendo el medio de mayor penetración en los hogares, con un enorme espacio de tiempo (consumo) y lugar (número de aparatos); siendo la primera referencia educativa en cuanto a su fuerza de influencia en información y valores, los padres creemos que esa influencia seguramente se exagera y, sobre todo, estamos convencidos de que eso les pasa a los vecinos en sus casas, pero no a nosotros ni a nuestros hijos.
«Cada vez hay un uso más individualizado del medio lo que hace que padres e hijos coinciden menos delante del aparato y que aumente el desconocimiento por parte de los padres del consumo real que hacen sus hijos». Son las pantallas de los televisores que se extienden por las habitaciones del hogar, “haciendo familia”, que se dice.
«No existen normas consistentes y estables que calen en la conducta de los niños frente al medio. Así concluye que la mediación se caracteriza por un alto grado de permisividad». Dicho de otra manera: la cosa se reduce en la mayoría de los casos a improvisar un “Llevas demasiado rato con la tele, ponte a estudiar” dicho sin demasiada convicción o, en el mejor de los casos, un “apaga la televisión que eso que estás viendo es una porquería” —ya se sabe: sexo y violencia—.
«No abundan alternativas a la televisión para el ocio familiar». Qué quieren que les diga: llevamos cuarenta años de reinado absoluto de la televisión.
Y finalmente y resumiendo: no se ve casi la tele en común, lo visto no genera apenas diálogo, no se hace crítica constructiva, no hay consejos ni sugerencias sobre lo que se ve, la covisión es escasa y se suelen ver aquellos programas que gustan sobre todo a los mayores por lo que los chavales tragan, sobre todo contenidos dirigidos a los adultos.
En fin. Nada nuevo bajo el sol. El estudio examinaba las aptitudes de los padres en cuanto a nuestra responsabilidad de asegurar un entorno apropiado —número, lugar, y espacio simbólico de los televisores— y unos criterios de uso beneficiosos para los hijos —tiempo de consumo, filtro, control y crítica razonada de contenidos, diálogo sobre lo visto en común, alternativas… —, y suspendemos.
Podemos quejarnos de lo que hacen las cadenas, la publicidad y la industria, pero, primero o a la vez, por favor: hagamos bien nuestros deberes.
Suspenso a los padres
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Pepe Boza
31 de enero de 2012
¿Por qué lo hará?
Hoy no os entretengo. Creo que es una perla que merece destacarse sin demasiados comentarios por mi parte para que sea ella la que destile todo su contenido significativo.
Leo en el XLSemanal del domingo pasado un reportaje titulado Extraños hijos de papá firmado por Darío Calabor.
Aparte de la pintoresca noticia de que en casa de Bill Gates, no está permitida la tecnología Apple, este breve, pero sabroso apunte educativo sobre su hijo de 12 años:
«Rory Gates vive hiperprotegido. Tanto que incluso tiene limitado el acceso a Internet a 45 minutos diarios».
Sólo una observación respecto a la forma: fijaos en las expresiones del reportero: «hiperprotegido» y el «Tanto que incluso».
Y sólo una pregunta respecto al contenido: ¿Bill Gates? ¿Por qué lo hará?
¿Por qué lo hará?
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Pepe Boza
30 de enero de 2012
Educación a distancia
Nos cuenta en él que desde que existe el teléfono, pero exponencialmente más agudizado ahora por la extensión de los móviles, ha adquirido una importancia creciente una nueva relación educativa paterno-filial a distancia: la educación telefónica. «Piensen —nos dice— en la cantidad de horas que nos comunicamos con nuestros hijos a través del teléfono móvil y la poca importancia que les damos a esos contactos».
La mayoría de los chavales —más del 70% de entre 12 y 13 años— tiene móvil y a medida que aumenta su número, aumenta también y se fortalece el tiempo y la intensidad de las comunicaciones entre padres e hijos, introduciéndose en nuestros hábitos familiares sin darnos cuenta, como casi todos los cambios sociales propiciados por las tecnologías, un nuevo modelo de comunicación que no sustituye, pero sí desplaza, a la tan mermada ya educación presencial.
Justificamos la compra del aparatito, con argumentos de tanto peso como el clásico y antieducativo “Todos lo tienen” o ese otro absolutamente falso de que “De ese modo los tenemos localizados”. Tranquilizamos con ambos nuestra conciencia, aunque, cada vez que colgamos el móvil, se nos quede un poco cara de tontos y un regusto amargo de que algo no estamos haciendo del todo bien en nuestra tarea educativa. Porque en el fondo sabemos que se trata de un sucedáneo de comunicación que se caracteriza por ser casi siempre necesariamente breve, débil, superficial y a menudo inoportuna y algo forzada. «Si el mismo asunto de la llamada fuese tratado en una línea bidireccional, cara a cara, a través de la palabra, tendría efectos bien diferentes en acciones, sentimientos y actitudes», dice Herrera.
La comunicación fluida es esencial para una educación digna de ese nombre, pero no cualquier clase. La buena, la fetén, es el cara a cara. Ya saben: hay que estar. Lo hemos dicho muchas veces. Y no hay sucedáneos para eso, aunque sean de última generación, muy smart, táctiles y con GPS.
Educación a distancia
29 de enero de 2012
28 de enero de 2012
¿Dónde estamos?
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Pepe Boza
27 de enero de 2012
Décimo Wikianiversario
El año que cierra ha celebrado el décimo aniversario de Wikipedia (15 de enero de 2001 en su edición inglesa). Hoy sus páginas dominan las búsquedas de Google. La web de Jimmy Wales es la fuente principal de información para millones de personas. «What I Know is» (Es lo que yo sé) es Wiki, un concepto que designa webs editadas por múltiples usuarios. Aunque no es Google -todavía podríamos "vivir" sin ella-, tiene más de 400 millones de consultas al mes y el promedio de ediciones personales mensuales es de 11,6 millones y, como todo lo que en la red tiene éxito, seguirá creciendo exponencialmente.
Sus detractores le achacan como principales debilidades: la falta de credibilidad por la anonimia de sus autores; la posibilidad de manipulaciones por parte de sus gestores que pueden ser sobornados por grandes emporios para modificar contenidos; las peleas internas entre colaboradores que revierten, “rerrevierten” y “requeterrevierten” aquellos artículos con los que no están de acuerdo.
Por otro lado, se dice que su ser de todos, pero no ser de nadie, se convierte en una fuente de difamación y de violaciones del copyright.
Por último que el poder de veto está en manos de un grupo de personas del consejo de administración o que el perfil de los colaboradores —la mayoría varones, de entre 25 y 35 años, de educación superior y muchos de ellos programadores— condiciona la elección de los temas y su enfoque.
Pero para mí, lo más importante es lo que afirma su propio creador: «No conviene usar Wikipedia como única fuente de documentación. Jamás. Tal y como yo lo veo, no se debe usar una única fuente de documentación en ningún caso».Tal y como yo lo veo, tampoco. Feliz aniversario.
26 de enero de 2012
El hombre estancado (y II)
Miquel Masgrau
Segunda toma de las cucharaditas de "El placer de dejar de fumar" (Origen, esplendor y muerte de una adicción) , del Dr. Masgrau que comenzábamos ayer. Un texto impagable.
«Hasta hace poco, los humanos no tenían que buscar en los libros qué podían y qué no podían hacer. Está claro que el hombre estaba obligado por necesidades perentorias, pero tenía más dominio sobre las que caían en la órbita de su poder. Nunca el hombre había sido tan potente: montado en un tractor, un labrador puede hacer cien jornales en un día, y el más apocado puede plantarse en una jornada en cualquier lugar del mundo. La tecnología ha liberado buena parte de la sociedad de los trabajos más pesados, hecho que posibilitaría que el hombre dispusiera de un tiempo y de unos recursos para gozar como nunca de la existencia. Pero esta potencia se impone de tal forma que da la sensación de que el hombre no puede hacer nada por sí mismo, la fuerza de la máquina parece ir en detrimento de la fuerza humana.
A la vez que el hombre está convencido de que no puede hacer un montón de cosas que están a su alcance, se siente obligado a hacer otras que son perfectamente prescindibles. Nunca se habían tenido tantas cosas ni nunca se había estado tan necesitado. Esta es la paradoja: cuando el hombre tenía lo justo para vivir, se encontraba menos necesitado que ahora, que tiene de todo, pero que se siente mutilado si se le estropea el coche o la lavadora, si se le cuelga el ordenador, se le funde la lámpara del televisor o cualquier otra nimiedad. No se pueden pasar las calenturas sin fármacos, los decaimientos sin estimulantes, las tristezas sin antidepresivos, el dolor sin calmantes, ni siquiera se puede dormir sin pastillas. Y es que el hombre moderno es adicto a todo: al café, al pan, al chocolate, a los laxantes, al teléfono, al mando a distancia, etc. Pero cuando nos encontramos a un yonqui tirado en un portal no pensamos en que esa degradación no es más que el extremo más lastimoso de una gran adicción social.
Inhalando el humo del tabaco [ o sometiéndonos a las pantallas] hemos ido creando una sociedad adicta, y estas adicciones químicas y sobre todo emocionales de las que es tan difícil sustraerse, alejan al ser humano del flujo de la vida y lo llenan de insatisfacción.
[…] La tecnología, lejos de liberar a la humanidad, la ha empequeñecido. Y, en la empresa de dominar la naturaleza mediante la técnica, el hombre ha llegado a olvidar que él mismo es naturaleza. Así, las grandes corrientes de pensamiento que han triunfado en nuestro tiempo minimizan al ser humano presentándolo como una marioneta cuyos hilos están movidos por la economía o por el instinto, por el dinero o por las bajas pasiones, que viene a ser lo mismo.
[…]
La tecnología, que debería haber liberado al hombre del mundo de la necesidad, lo ha conducido exactamente al otro extremo, a ser un menesteroso. Mientras buena parte de la humanidad ha pasado de la pobreza a la miseria, el resto, con pocas excepciones, vive rodeada de comodidades; pero eso sí, a crédito e hipotecada, en permanente estado de carencia y, a menudo, insatisfecha. No son las necesidades reales lo que lo esclavizan, sino una cadena infinita de bienes de consumo en gran parte superfluos.»
El hombre estancado (y II)
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Pepe Boza
25 de enero de 2012
El hombre estancado (I)
Me pasa José Luis un librito magnífico —"El placer de dejar de fumar" (Origen, esplendor y muerte de una adicción)— en el que el Dr. Miquel Masgrau, contrariamente a lo habitual en los libros de autoayuda, no se dedica a convencernos de que dejemos de fumar, ni mucho menos a ayudarnos a ello, sino que, en cambio, con una confianza plena en la libertad y el raciocinio del lector, se limita a hacer un diagnóstico a vista de pájaro pero con notable agudeza, es decir, completo, certero, divertido e interesante sobre cómo la industrialización primero y la tecnología después, han modificado la naturaleza del hombre hacia una especie de subnaturaleza en la que queda alienado, despersonalizado e infeliz. Como resultado, una fragilidad que le hace especialmente proclive a las adicciones. No entramos aquí a analizar el tabaquismo, pero sí es muy interesante trasladar su análisis a las llamadas adicciones sin sustancia entre las que se encuentran, claro está, las tecnológicas.
Uno de sus capítulos se titula muy expresivamente, El hombre estancado y de él entresacamos algunos párrafos distribuidos en un par de entradas. Si lo queréis leer entero lo tenéis completo aquí .
«En las librerías se encuentran estantes enteros abarrotados de libros que quieren transmitir un mismo mensaje: tú puedes; tú puedes vencer el miedo, tú eres dueño de tus actos, aprende a decir no, el éxito está en tus manos, tú puedes conseguir sin esfuerzo lo que deseas, etc.
Lo más sorprendente es que, hasta hace poco, las personas sabían lo que podían o no podían hacer sin necesidad de que los libros les dijeran que podían hacerlo. La duda ofende, y el mero hecho de que se cuestionen las capacidades propias del hombre es ya un signo preocupante del estado actual de una condición humana que se siente impotente para hacer lo que está al alcance de su mano.
La voluntad ha cedido terreno como fundamento de la conducta. Ya no forma parte de la educación de los niños, consentidos en casa y sometidos a una instrucción exclusivamente teórica en la escuela. La firmeza de los educadores y de los modelos a imitar eran los que desarrollaban la voluntad, que se conforma entre la estimación y el choque, entre el calor y el martillo, como se templa el hierro. Pero hoy la autoridad parece exclusiva de las fuerzas del orden, la disciplina es considera un castigo y el esfuerzo físico en el trabajo cosa de bestias, ya que las máquinas lo han desterrado de entre las gentes acomodadas, que sólo se afanan en competir en los negocios o en el juego.
En el último siglo, el hombre ha tenido que evolucionar para adaptarse a un entorno cada vez menos humano. Durante el milenio anterior, el hombre estuvo sometido a otros hombres, y las dimensiones del dominio eran también humanas. […]
Aunque tenían más obligaciones que nosotros, es probable que, antes de que la industria forzara el ritmo del trabajo, los hombres y las mujeres tuvieran la sensación de que la mayor parte de su existencia era gobernada por su voluntad. Estaban integrados dentro de una tradición y hacían de buena gana lo que siempre se había hecho. El hombre moderno, aunque parece que viva en un momento de máxima libertad, quizá porque tiene demasiadas opciones, se siente forzado a renunciar a lo que más le place, y actúa, más a menudo que sus antecesores, en contra de su voluntad.»
Mañana, más.
El hombre estancado (I)
Publicado por
Pepe Boza
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