09 noviembre, 2009

Barbarismos 1: Tampax


«Dos bárbaros de 8 años conversan en el parque. El niño le pregunta a la niña:

― ¿Que le vas a pedir como regalo al Santa Claus?

―Yo le voy a pedir una Barbie ¿y tú?

―Yo le voy a pedir un Tampax― responde el niño..

― ¿Qué es un Tampax?― pregunta la niña.

―No lo sé,... pero en la televisión dicen que con él puedes ir a la playa todos los días, andar en bicicleta, andar a caballo, bailar, ir a la disco, correr, hacer de todo y… lo mejor: ¡sin que nadie se dé cuenta!»

¿Es un chiste?

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.

08 noviembre, 2009

Individualismo posesivo y soledad

Gilles Lipovetsky, La sociedad de la decepción, entrevista con Bertrand Richard, Anagrama, argumentos 381, Barcelona, 2008, (II)

Impaciencia, irritación, descontento, compra compulsiva, fracaso, consumo como sucedáneo del éxito, consumismo como consuelo, ver televisión para distraernos de nuestra decepción, divertirse en vez de disfrutar, soledad, individualismo, aislamiento, el animal doméstico como compañía alternativa...

Es, efectivamente, una oportunidad magnífica para la libertad individual, pero ¿cómo no darse cuenta de que únicamente es eso posible precisamente a través de la ruptura de ese individualismo materialista y posesivo que está pudriendo la sociedad hipermoderna hiperconsumista ?

Si sólo te buscas a ti mismo, acabarás encontrándote... solo.

«El neoconsumidor lo quiere todo, todo inmediatamente, y la menor avería o demora le pone furiosos. La hipervelocidad es ya otro motivo de irritación y descontento.» (Pág. 46)

«¿Qué es lo que hace correr sin cesar al hiperconsumidor? ¿El poder de la oferta, del marketing y la publicidad? […] No se puede comprender el frenesí comprador actual sin relacionarlo con los valores hedonistas de nuestra cultura y también con el aumento del malestar, con la soledad de los individuos, con los múltiples fracasos que se experimentan en la vida personal. El hiperconsumo crece como un sucedáneo de la vida a la que se aspira, […] a la manera de un paliativo de los deseos defraudados de cada cual. Cuanto más se multiplican los desengaños y las frustraciones […] más se dispara el consumismo como consuelo.» (Pág. 52)

«La televisión capta la atención de los franceses casi tres horas y media diarias y ha generado la práctica del zapeo, que expresa ya un vago aburrimiento, una especie de minidecepción del espectador. La tele es un objeto que nos decepciona habitualmente, pero que no dejamos de mirar: estamos en contacto con ella incluso cuando no esperamos maravillas.»(Pág. 55)

«La desaparición de las ideologías […] y la tremenda expansión del «cuarto poder» han transformado en profundidad la retórica de lo político. La televisión en concreto ha impulsado la formación de un discurso simplificado al máximo, de un lenguaje aséptico, tecnocrático, pulido, «políticamente correcto», que ya no hace soñar, que ya no «electriza» ni entusiasma a nadie. Al desacralizarse, el Estado-espectáculo ha trivializado, cloroformizado la escena política.» (Pág. 71)

«Más de la tercera parte de los europeos conocen la soledad de vez en cuando o a menudo. En su base están la individuación de los estilos de vida, la liberación de los vínculos colectivos, la desinstitucionalización de la familia y la religión. Actualmente viven solos seis millones de franceses; en París, uno de cada dos domicilios está ocupado por una persona sola. Los ancianos están cada vez más aislados y durante más tiempo. […] La multiplicación de los sitios de contacto en Internet ejemplifica la importancia social de la soledad […] elevados índices de suicidios (últimamente, 160.000 anuales en Francia), sobre todo entre los jóvenes. […] La pasión por los animales domésticos. En Francia hay más de 56 millones y más de un hogar de cada dos posee al menos un animal de compañía.»(Pág. 100)« […] El apego a un perro o un gato es también una forma de protegerse de las decepciones que surgen de la relación con los demás. A diferencia de los humanos, los animales no decepcionan nunca. No se espera de ellos lo que no pueden dar, se les quiere porque siempre son así, porque nunca cambian y nunca nos engañarán. El animal de compañía es un seguro contra las esperanzas defraudadas y al mismo tiempo una compensación por los desengaños que vive el individuo en la actualidad. » (Pág. 103)

"El periodo hipermoderno es inseparable de un aumento impresionante de las depresiones y el malestar general. El porcentaje de casos depresivos en Francia se ha multiplicado por siete entre 1970 y 1996. […] Pero al mismo tiempo, alrededor de nueve de cada diez europeos dicen que son felices o muy felices." (Pág. 105) "[…] A los individuos les cuesta reconocer su decepción y su insatisfacción. Confesarlas es cada vez más difícil en una cultura en que infelicidad significa fracaso personal." (Pág. 106)

07 noviembre, 2009

Gilles Lipovetsky, La sociedad de la decepción


Gilles Lipovetsky, La sociedad de la decepción, entrevista con Bertrand Richard, Anagrama, argumentos 381, Barcelona, 2008

I

Más lecturas. La realidad es la que es. Sin embargo, el ser humano la vive simbólicamente y no importa tanto qué cosa sea la realidad, sino cómo se percibe. Porque es de esa percepción simbólica de donde nacen nuestros sentimientos. Si bien es cierto que a Lipovetsky la postmodernidad simbólica le parece un momento lleno de oportunidades para la libertad individual, en esta conversación con B. Richard, pone de manifiesto, que el mundo del hiperconsumo postmoderno se vive, sobre todo como una oportunidad perdida. Una pérdida que se manifiesta en la decepción del hombre que en la noria de la abundancia, persigue una zanahoria inalcanzable. Cómo la zanahoria del mundo mediático-simbólico choca una y otra vez con la realidad de la vida cotidiana. La enorme distancia entre la abundancia exterior y la pobreza interior. La insuficiencia perpetua a la que nos condena la excitación permanente a no dejar de consumir.

PREFACIO ( Bertrand Richard)

"La decepción es ese no-ser-del-todo, esa insatisfacción existencial que arraiga allí donde hay algo humano. […] La moda, el hedonismo, el nomadismo tecnológico y afectivo, el individualismo explorador, sostenidos y exaltados por el consumo. […] Cuanto más dominamos nuestro destino individual y más posibilidades tenemos de inventar nuestra vida, […] más insoportable y frustrante nos parece la resistencia de la armonía a presentarse. (Pág. 10) La fatiga de ser uno mismo, las tasas de suicidio en alza, las depresiones, las adicciones de toda índole […] una forma de pasotismo endurecido y sombrío que nos convierte en los niños mimados de las sociedades de la abundancia. (Pág. 11) La era del consumo, del «hiperconsumo» […] ha modificado nuestra vida infinitamente más que todas las filosofías del siglo XX juntas. […] hoy todo o casi todo se juzga con esquemas que son los del consumo: relación calidad/precio, satisfacción/desagrado. […] Y la verdad es que nada de esto nos hace más felices. (Pág. 13)"

(G. Lipovetsky, La Sociedad de la decepción)

"Las sociedades hipermodernas aparecen como sociedades de inflación decepcionante. Cuando se promete la felicidad a todos y se anuncian placeres en cada esquina, la vida cotidiana es una dura prueba. […] Después de las «culturas de la vergüenza» y de «las culturas de la culpa», como las que analizó Ruth Benedict, henos ahora en las culturas de la ansiedad, la frustración y el desengaño (Pág. 21)

Los goces materiales son numerosos, pero más lo son los sentimientos de desdicha que producen los goces ajenos. De este modo, nos dice Tocqueville, el aumento de los bienes materiales, lejos de reducir el descontento de los hombres, tiende a elevarlo.

«Una de las ironías de la época es que los excluidos del consumo también son una especie de hiperconsumidores» (La felicidad paradójica […] Todos nos hemos vuelto hipersonsumidores. […] La civilización del bienestar de masas ha hecho desaparecer la pobreza absoluta, pero ha aumentado la pobreza interior, la sensación de subsistir, de sub-existir, entre quienes no participan en la fiesta. (Pág. 24)

[…] «la maldición de la abundancia»: […] cuanto más se incita a la gente a comprar, más insatisfacciones hay: nada más satisfacerse una necesidad, aparece otra y este ciclo no tiene fin. Como el mercado nos atrae sin cesar con lo mejor, lo que poseemos resulta necesariamente decepcionante. La sociedad de consumo nos condena a vivir en un estado de insuficiencia perpetua, a desear siempre más de lo que podemos comprar. Se nos aparta implacablemente del estado de plenitud, se nos tiene siempre insatisfechos, amargados por todo lo que no podemos permitirnos. Se ha dicho que el sistema del consumo comercial es un poco como el tonel de las Danaides* que además sabe aprovechar el descontento y la frustración de todos. (Pág. 44)"

(*Las Danaides, personajes mitológicos, hijas de Danao, la noche de sus bodas, por orden de su padre, mataron a sus esposos. Fueron condenadas entonces por Júpiter a llenar de agua un tonel sin fondo)

06 noviembre, 2009

La ausencia de la muerte

Gérard Imbert, El transformismo televisivo,Postelevisión e imaginarios sociales, Cátedra, Signo e imagen, nº 114, Madrid, 2008

(VI y último)

De cómo la realidad de las realidades, aquella que da relieve y consistencia a las demás, desaparece del imaginario televisivo de una manera paradójica ya que es a la vez omnipresente. Pero esa omnipresencia de una muerte de nuevo espectacularizada anula por completo la presencia de la muerte real.

"En este juego con (los límites) sólo falta … la muerte. La televisión estuvo a punto de hacerlo, infringiendo el tabú que pesa todavía … con el proyecto de la televisión holandesa, de lanzar un nuevo reality show basado en una serie de ficción (death on live) que había imaginado clocar una cámara de televisión en un ataúd, para filmar el proceso de descomposición del cuerpo humano, … Por suerte, el intento se frustró pero es totalmente coherente, teniendo en cuenta la visibilización a ultranza de todo y el sueño de trasparencia total de los medios. (pág. 50)

Como otros referentes fuertes (sexo, violencia) la muerte es uno de esos objetos inefables, … ausentes hasta hace poco del discurso público, pero que ejercen una fascinación secreta y, en las últimas décadas, van haciéndose su lugar en la representación mediática. Si los años 70, con la revolución sexual y la liberalización de las costumbres, han sido los de la mercantilización del cuerpo como imagen, con una representación fragmentada, con fines consumistas (siendo el porno su máxima expresión), los ochenta han visto la emergencia de un discurso de la violencia, no sólo sobre la violencia como contenido, sino también como forma; en los noventa es cuando aparece la muerte como tema recurrente […] (Peckinpah, Kubrick, Scorsese, Pasolini, Cavani, Oshima, el gore, las presuntas snuff movies)

Cuanto menos presente está la muerte como hecho fisiológico, … más lo está como hecho narrativo. [...] La muerte ya no es un hecho vivido ni sagrado, sino representado, ya no es un momento único, irrepetible, que marca la conciencia del sujeto, sino un hecho consuetudinario, ordinario, totalmente integrado en la economía narrativa, que ha perdido precisamente su cariz extraordinario con esto, la muerte se despoja … de su sentido profundo ―meta-físico― (Pág. 176)

Si el ver morir como experiencia vicaria ha desaparecido de la vivencia personal, el ver morir representado se ha banalizado … despojado de su valor iniciático … no portador de sentido sino reproducido como pura forma, objeto de goce exclusivamente visual, de consumo inmediato.

[…](Dice José Manuel Pérez Tornero:) En momentos en que, quizá como nunca antes, se ha expulsado la muerte de lo cotidiano, … es justamente, en estos momentos, cuando más insistente es la presencia de la muerte en los medios de comunicación […] Una dimensión clara de nuestra existencia que los medios administran casi en exclusiva." (Pág. 177)

05 noviembre, 2009

De lo informe a lo deforme y grotesco: el «Zoo visual»

Gérard Imbert, El transformismo televisivo,Postelevisión e imaginarios sociales, Cátedra, Signo e imagen, nº 114, Madrid, 2008 (VI)

De cómo un intelectual , describe la telebasura como un forense describiría la descomposición de un cadáver. Sin embargo, ya advierte que su juicio no es un juicio moral. Cuando los intelectuales dicen grotesco, deforme, exagerado, extravagante, aberrante, escandaloso, burlesco, monstruoso, bufón, feo, cutre ... se limitan a describir. Si lo decimos los telespectadores, estamos haciendo un juicio moral. En cualquier caso he aquí una "objetiva" descripción del Zoo televisivo. Un cadáver ante el que nos morimos todos un poco cada día, descomponiéndonos al mismo ritmo que lo hacen las imágenes que contemplamos en esa telerrealidad cada vez más alejada de la realidad.

Contrapeso contra la estética del buen gusto […] lo grotesco denota un gusto en la deformación … y se traduce en una tendencia a la exageración, la extravagancia, el detalle insólito, la manifestación aberrante

Crónicas Marcianas se inscribía plenamente en esta línea: polemización sistemática, […] teatralización, […] dramatización y crudeza verbal, búsqueda de lo escandaloso, atracción por lo monstruosos […] cuanto expresa una de-formación de la realidad, […] imitación burlesca. […] Parodia, […] números de imitación en forma de travestismo, […] Tendencia al desdoblamiento: Javier Sardá, … jugando continuamente con un estar dentro/fuera de la representación, pasando de un rol de poder a un papel de testigo […] ; Boris Izaguirre, alternando discurso racional-crítico y actuaciones paródicas, entre bufón grotesco, insolente, […] y «hombre de placer» cortesano, fiel lacayo del rey Sardá […] y el papel de bufones que desempeña la verdadera corte de co-presentadores que rodea a Sardá. Como en la Edad Media, bufones y payasos son vehículos de comicidad y consagración del principio carnavalesco que rige en la vida cotidiana. […] [Jugando con los límites:] límite de la aceptabilidad social … como si la realidad televisiva quedara fuera de la ley; límites de la estética más allá de lo bello/lo feo. … una televisión freak que pierde el sentido de los límites (Pág. 46)

Crónicas Marcianas está íntegramente basado en esta deformación de rasgos, extendida además al lenguaje, con la utilización teatralizada del insulto: Matamoros es excesivamente malo, cínico, demoledor de los demás, […] ; Boris es supergay, locamente loca, hiperteatral, barroco en su lenguaje; Galindo consciente y deliberadamente circense; Carmen Hornilla, además de malísima, […] tiene aspecto físicamente desagradable. […] Todos son la caricatura de sí mismos. […] temas tratados … tampoco escapan de este tremendismo: […] incesto, sadismo, violencia doméstica, crímenes contra natura… (Pág. 108) […] Una especie de bestiario de la naturaleza humana que sería aquí como el simétrico inverso de la humanidad de los animales sabios de las fábulas de Esopo […] : una antimoralidad sistemática, […] un carnaval de actitudes estrafalarias, […] una desestabilización de los valores con una confusión entre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo […] más allá de toda idea de buen gusto.

Un exhibicionismo […] un exagerar la apariencia […] : un exceso en el vestir, en el maquillaje, […] es patente en la estética de muchos personajes femeninos que intervienen en los talk shows […] que hace de ellos personajes fellinianos a veces, representantes de una hiperfeminidad, no tan alejada, al fin y al cabo, del travestismo; esto es, una hipervisibilidad de los rasgos propios del género femenino, pero con una exageración tal que les hace parecerse a unos travestis. La mujer, entonces, es su propia caricatura, lo mismo que travesti es una caricatura de mujer. (Pág. 109)

Hay, en esta exhibición del cuerpo y de la intimidad, una saturación sígnica, que hace de la neo-televisión un verdadero «zoo visual», algo profundamente grotesco, barroco, deliberadamente al margen del equilibrio, … desmesurado, desproporcionado, casi fuera de lugar. (Pág. 110)

La televisión se recrea cada vez más en lo feo, lo cutre, lo monstruosos, todo cuanto se sale de la norma, es atípico, de acuerdo con la lógica del contenedor: no sólo de basura sino del «programa-contenedor», en el que todo cabe y se mezcal, está junto y revuelto (Pág. 111)

«Lo anormal, lo extravagante, lo excéntrico, lo estrambótico; exactamente lo monstruoso social e individual» escribía Juan Cueto (El País Semanal) enlazando la película de Todd Browing La parada de los monstruos (1932) con la televisión (Crónicas Marcianas, Hotel Glam) y el cine actual (Santiago Segura, Álex de la Iglesia, Mortadelo y Filemón)(Pág. 112)

Bernardo, Chiquito de la Calzada, … Alfonso Arús, … la gente extraña, enferma, visionarios y santones del Força Barça de TV·, … Pepe Navarro, La Veneno, Carmen de Mairena, .. Pocholo, Yola Berrocal, Tamara...

[…] el Neng, parodia de pastillero, atajo de tics verbales y gestuales, que lleva hasta su máxima expresión el vaciado de contenido, hasta reducir el personaje a una especie de pelele, presa de su código expresivo y de su frase muletilla.

El Neng es un falso tonto, un inútil simpático, un drogado inofensivo; todo en él es estar y no estar, descolocación, cuelgue, […] es feo y gracioso, ambivalente; lo mismo que la Veneno es un híbrido, …al igual que Carmen es monstruosa por su fisionomía, […] En el fondo son todos monstruosos, aunque no repelentes. Proceden de una deformación, de una pérdida de unas formas originales […] formas informes. […] La desfiguración de la realidad o la «telebarbaridad». (Pág. 113)

Hoy, ¡nada más infiel a la realidad que la telerrealidad! […] : la televisión no promociona artistas consumados, ya realizados, sino que los engendra, produce talento, fama, look y los convierte en marcas. (Pág. 115)

04 noviembre, 2009

Espectacularización del debate

148. Gérard Imbert, El transformismo televisivo,Postelevisión e imaginarios sociales, Cátedra, Signo e imagen, nº 114, Madrid, 2008 (V)

De cómo se degrada la palabra -núcleo del debate- para convertirse de nuevo en espectáculo, en circo, en ruido que no busca la profundización reflexiva sino, de nuevo, el puro espectáculo.

"Ya no había programas de debate dignos de este nombre. En cambio, nunca en la historia de la televisión española se ha «debatido» tanto. […] Como residuo formal y degenerado de lo que fue el debate político en aquella época, no sólo se ha mantenido la forma-debate, sino que se ha instituido como formato.

[…] Invade entonces los programas televisivos [….] Contamina los magazines, se extiende a las tertulias de mañana, se aplica a los objetos más triviales … consagra la hegemonía del hombre común en detrimento del especialista. Cualquiera puede hablar de cualquier cosa … (Pág. 94)

La opinión común sustituye a la opinión pública [...]En una espectacularización a ultranza de la forma-debate.

[...] La inflación de los protocolos de bienvenida y anuncio al modo del boxeo; los aplausos programados del público; la intervención histriónica de participantes y «espontáneos», … pancartas de «pros» y «contras»…, sondeos, porcentajes de «sí» y «no», … vociferaciones en vez de argumentaciones; …proclamas de fe en lugar de intercambio de ideas; la denegación del otro en sustitución del diálogo. (Pág. 95)

Máximo muestrario de pensamiento débil, de periodismo de investigación light, pero al que todos acuden: people, artistas de moda, intelectuales de renombre. […] El nuevo filósofo, el famoso de turo, la actriz glamurosa,… el último icono de la canción; todo es ameno,incluso la actualidad más tromentosa o la problemática más planetaria, la finalidad es ofrecer un digest de todo un poco, para estar al tanto. … El cotilleo trivial elevado a categoría de cultura.

[Ruidos] que acompañan al discurso verbal… como si la televisión no soportara el lenguaje articulado y necesitar hacer ruido para colmar el vacío intelectual.

[… ] siempre está del lado de los que no entienden nada y piden explicaciones, es decir, simplificaciones … rebajando continuamente el nivel de reflexión. Es pedagogía al revés: pone siempre el listón más bajo. (pág. 97)

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.



03 noviembre, 2009

José Luis López Vázquez: descanse en paz.



José Luis López Vázquez: un actor, ni más ni menos. Descanse en paz.

Muere el actor José Luis López Vázquez.




La perversión del discurso informativo

Gérard Imbert, El transformismo televisivo,Postelevisión e imaginarios sociales, Cátedra, Signo e imagen, nº 114, Madrid, 2008 (IV)

La información también debe ser espectáculo. No puede apelar la información televisiva a nuestra capacidad de entender y a nuestro deseo de saber. También debe atrapar nuestra mirada y así el acontecimiento informativo se pervierte en suceso y anécdota.

La evolución del discurso televisivo … desde al acontecimiento como categoría informativa hacia el suceso como categoría anecdótica

Según un informe de Consumer-Eroski (El País, 1/4/2006) las noticias de sucesos triplicaron en cuatro años su presencia en los telediarios, absorbiendo, de media, casi un 18 por 100 del tiempo; un porcentaje que, en 2002, no llegaba al 7 por 100. [...] Política, 20%. Deporte 17%. … medioambiente, salud, ciencia, consumo o cultura 15%.

[…] informaciones con un cierto tono espectacular, como … crímenes, accidentes o deportes, el 40% de los informativos, economía 9%, meteorología 9% . Cultura: del 11 al 9% en cuatro años. (Pág. 88)

Desorden, azar, accidente, son categorías con fuerte carga simbólica, que escenifican el peligro, el riesgo que acecha lo social, e introducen tensión en el relato de la actualidad; son un factor más de espectacularización. (pág. 89)

La decadencia de los expertos en beneficio del hombre de la calle; el testigo, el sujeto vivencial, en sustitución del sujeto de saber, la notoriedad, hoy, ya no es el resultado de la adquisición de una competencia o el fruto de la experiencia: la notoriedad se adquiere sobre la marcha, mediante la misma perfomance mediática; ya no la otorga la sociedad, ya no está sancionada por el tiempo invertido o el esfuerzo, sino que brota de la actuación en el medio, de la capacidad de utilizar, aprovechar sus posibilidades. (pág. 90)

La actualidad rosa instala una actualidad paralela… que se retroalimenta sola… Los pseudoexpertos en asuntos rosas, los falsos testigos y los auténticos rumores, una cohorte de roles y prácticas presuntamente periodísticos, de mesas redondas, espacios de «debate» para alimentar y reproducir un discurso que gira sobre sí mismo.

Más relato que información … se nutre de enunciarse, es autosuficiente, se alimenta de sus propios restos.

[…] Aquí hay tomate , de Tele5 … no hay límites para las campañas de desprestigio, ni de los vivos ni de los muertos, ni la verdad ni la mentira, ni la prueba ni la difamación, ni la realidad ni la ficción; los únicos límites objetivos son las múltiples querellas a las que se ha enfrentado el programa. crea sus propias reglas, el rumor, la conjetura son la base de su relato: basta que alguien diga algo de alguien para que se presuponga que es cierto y se desarrollen comentarios, se saquen conclusiones. (Pág. 91)

La tendencia de la información a retroalimentarse continuamente, que desborda el medio televisivo y genera un verdadero efecto bola de nieve: […] La cadena genera su propio acontecimiento y éste se expande inmediatamente a otros medios de comunicación que propician un intenso y acalorado debate social, del que termina haciéndose eco la emisora de origen.

[...] El acontecimiento regresa así al medio donde vio la luz y vuelve más crecido que nunca, con las energías necesarias para reiniciar el ciclo. Se trata de una concepción circular de la programación, cuyo efecto más inmediato es la inserción, a lo largo y ancho de la rejilla, de múltiples programas dependientes del killer format (Pág. 93)

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella.